Mariale Ariceta
Especialista en procesos sostenibles
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Fernando Acevedo
Dr en Antropología y arquitecto
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Mónica Nieto
Dra en arquitectura
Directora del Museo Casa Vilamajó
Mariale Ariceta
Especialista en procesos sostenibles.
¿Qué visión tenés sobre la ciudad del futuro? ¿Cómo te gustaría que sea?
Todas las ciudades tienen por común ser asentamientos de una cantidad de población humana que continuamente deja sus huellas arqueológicas y su rastro de acciones cotidianas. Ese gran espacio “ciudad” común, que cumple o no, con sus funciones, construye sus reglas, sus interacciones propias de su época, intercambia recursos, mueve bienes, dá servicios que se materializan en actividades vivas de continua transformación.
El futuro está lleno de pasado. Sea material o inmaterialmente hablando, el legado consciente o inconsciente se refleja en el espacio, en la cultura, en la definición de muchos aspectos que hacen a la ciudad.
Siempre me pregunto cuándo es el futuro.
Soy insensatamente optimista en una reflexión cotidiana que vivo con evidente alerta: escasez de recursos, creciente contaminación, desigualdad de acceso, vulnerabilidad de derechos, destrucción de patrimonio. El optimismo parte en la creencia de la cultura y la reflexión - herramientas que intento continuamente potenciar- como oportunidades de las personas de ser parte activa de los cambios necesarios para un bienestar colectivo.
Ambiciono que la ciudad se defina de espacios abiertos, de espacios que incluyan y regeneren su naturaleza, su fauna y flora, que renueven su aire y agua (dos básicos elementos de vida que damos por sentado y en la ciudad continuamente estresamos). Que sean las ciudades ámbitos de comunidad, que permitan diversas convivencias
de intercambio generacional, de diversidad y diversión. Que sean trasnsitables, de infraestructuras bellas y sensibles que potencien la experiencia de vida.
¿Qué cambio cultural estás viendo en personas y organizaciones para una integración ecosistémica y en cuanto a la resiliencia frente a cambios y tensiones?
Intento ser actívamente partícipe de los cambios culturales que se requieren. Así, en un principio de siglo conminado por la crisis económica y la percepción de ciudad gris de pocas oportunidades, potenciar la cultura juvenil artística y creativa fue la base para expresar una nueva visión de una ciudad activa y vibrante.
Hoy frente a la urgencia de una revisión etoecológica entiendo que vamos aún muy lento en una ambición que debe acelerarse con prácticas y comportamientos concretos que exigen hacer las cosas de otra manera: diseñar sin contaminación, regenerar lo dañado y crear sistemas para la renovación y un uso más eficiente de las energías y los recursos.
La resiliencia está en la base humana, adaptándose continuamente a las demandas de sus contextos. Pero este desafío actual, muchas veces invisible, promete llegar con espasmos cada día más exigentes. Si bien se ven paulatinamente movimientos, e incluso políticas en esa línea, el cambio sistémico debe acelerarse y consolidarse.
¿Qué importancia tiene lo anterior en un momento en que es inminente un cambio de sistema productivo, escasez de recursos, crisis climática? ¿Qué otros aspectos te parecen relevantes frente a este escenario?
La cultura, siendo ésta el cultivo rutinario de hábitos y creencias, se materializa en cuánto se define a sí misma en el hacer de una construcción colectiva de “buenas o malas” prácticas. Es entonces en ésta que debemos intentar construir nuevas definiciones o paradigmas de impactos positivos para las personas y sus entornos dentro de los límites de nuestra existencia y recursos planetarios. Es de relevancia poner nuestras disciplinas, pensamiento y acción en consecuencia a los desafíos que se presentan. La invitación a visibilizar estos escenarios y ejercitar nuestro poder humano hacia propuestas de cambio de mejora continua, activa y sostenible deben ser actividad de todas las personas y organizaciones que busquemos sobrevivir buscando un bienestar común.
¿Qué rol ocupa en todo esto lo colaborativo-coparticipativo?
Bien dice un dicho que si quieres ir rápido puedes ir sola, pero si quieres ir lejos debes ir en grupo. Si bien la actualidad requiere reflexiones y acciones ágiles y urgentes, también la sostenibilidad - el largo aliento - es lo que nos debe ocupar en una actividad que es continuamente cortoplacista y un tanto ególatra.
La ciudad de base es comunidad. La comunidad es creación colectiva, por lo que la participación es clave para soluciones inclusivas, que perduren para el bienestar de las personas y sus entornos. La colaboración y la multiplicidad de miradas además da nuevas perspectivas, amplifica las posibilidades, valida los caminos.
¿Que implica el concepto de suprareciclaje en el ámbito local? ¿Cómo lo ves de acá a unos años? ¿Cómo te parece va a ir evolucionando ?
Si bien el reciclaje o el suprareciclaje (que intenta dar más valor al material utilizado) son métodos para mantener un mayor ciclo de vida de los materiales, debemos recordar estrategias más eficientes para la sosteniblidad. Por jerarquía recordar al consumo responsable y la reducción de usos innecesarios o de bajo valor, luego a la reutilización de productos o recursos en su concepción original (sin degradación ni grandes reprocesamientos) disponibilizados para mayor uso y acceso, siguiéndole la reparación de productos y partes para más ciclos de vida, entre otras varias estrategias de sostenibilidad.
Las industrias de reciclaje requieren de volúmenes grandes y homogéneos, procesos muchas veces difíciles en un Uruguay de baja y disgregada demografía. No en todos los materiales es fácil imaginar una pareja y continua evolución. De todas formas existen cada día más políticas, reglamentaciones, incentivos y demandas en varios frentes que creo lograrán mejorar las prácticas y viabilidad de recuperación de valor de productos y materiales.
¿Qué aporte tiene o podría tener ciudadN en cuanto a estos temas? / ¿Qué aporte te parece podría tener ciudadN para la ciudad del futuro?
La reflexión, la imaginación y la creatividad son los pilares fundamentales de cualquier cambio necesario, son la base del aprendizaje y la evolución. Veo en CiudadN esos principios como parte de su adn, si bien pueden reforzarse explicitando algunas de estas miradas y/o desafíos estructurales.
El ejercicio de CiudadN puede ser sin duda un agente para nuevos imaginarios, comportamientos, diseños y construcciones en base a resiliencia, eficiencia, sostenibilidad, inclusión, colaboración como los condimentos de la innovación necesaria para nuestras ciudades como los entornos de experiencias y vivencias del presente y del futuro.
CiudadN puede invitar a imaginar una nueva forma de habitar en el espacio y tiempo. Crear y representar historias. Potenciar interacciones. Sistematizar aprendizajes. Pensar la ciudad no como algo establecido y coercitivo, si no por el contrario, como espacios de potencialidad y apertura, como espacios de regeneración y sistemas sanos, así como entornos de circulación de bienestar.
Ruth Bernheim.
Especialista en género y generaciones.
¿Qué visión tenés sobre la ciudad del futuro? ¿Cómo te gustaría que sea?
La ciudad es muchas cosas y muchas personas. Yo vivo en Montevideo y hacia adelante veo la profundización de la ciudad de hoy, con más segregación, más improvisación y retrocesos, contradicciones, gente en los márgenes, videocámaras y más violencia. Y veo una ciudad más verde y arbolada, con más equipamiento pensado para las personas, redes de infraestructura robusta para la movilidad activa, huertas urbanas, y más mujeres pensando el espacio público y más gente habitándolo.
Me gustaría que la ciudad del futuro sea, como la de hoy con más de las cosas mejores y menos de las pésimas. Una ciudad más amable, verde y un poco más salvaje, con más chirridos y trinos y menos ruido de máquinas y de gimnasios de crossfit; una ciudad caminable y pedaleable que invite a mirar, a conocer, a descubrir su herencia arquitectónica entre otras cosas. Con espacios para la memoria. Y lugar para los que vienen y las que van.
¿Qué aporte te parece podría tener ciudadN para la ciudad del futuro?
Para quienes nacemos en el espacio urbano, la ciudad es como la piel, eso que está ahí desde siempre y no nos dedicamos a pensarla, ni la percibimos como producto de decisiones buenas y malas de hombres y de mujeres, o como un conjunto de privilegios y de malas suertes. Las personas de las ciudades no pensamos las ciudades y sobre todo no nos pensamos en ellas. Las posibilidades de habitar el espacio no están en la lista de temas para conversar de paso ni en psicoterapias.
Uno de los aportes de ciudadN a la ciudad del futuro es seguir siendo ciudadN, pulsando las imaginaciones y las representaciones desde distintas partes (del cuerpo y de la ciudad) acerca de cómo vivimos los espacios, para inventarnos otras formas posibles o imposibles de habitar mañana. Pensarnos en otro lugar y en el lugar de otros.
¿Cómo afecta a las mujeres y las infancias los modos de planificación imperantes en las ciudades hasta hoy? ¿Y los actuales cambios climáticos, migratorios, tecnológicos, laborales, etc?
El crecimiento urbano no planificado genera desigualdad. Pero la planificación de las ciudades también.
Los modos imperantes de planificación han sido y son cada vez más excluyentes. La conflictiva de la ciudad es supraurbana, expresa la dinámica del capitalismo y de la economía global. Y el capitalismo no es generoso, ni es accesible ni inclusivo.
En una economía insustentable que reposa - cae- sobre los hombros de las personas que cuidan, las necesidades y el disfrute de las mujeres han sido históricamente excluidos del diseño del espacio -público y privado. Ámbitos pensados por y para hombres como entidades abstraídas, no varones, no mujeres, no personas que circulan cuidando de otras, con niñes y ancianes; no personas viejas, ni con discapacidades ni las que van con quienes las tienen.
Y si los modos imperantes de planificar excluyen, es justo que excluides, mujeres y diversidades se sumen a los espacios de decisión y planificación de los territorios en los que cuidan y por los que desplazan sus dificultades y sus alegrías y casi siempre también las de otres.
¿Cómo ves la respuesta en cuanto a estos temas en quienes planifican y viven en las ciudades? ¿Estás viendo algún cambio cultural en este sentido? ¿Cuáles te gustaría que se dieran?
En América Latina algunas ciudades están experimentando y avanzan hacia la incorporación de los cuidados en la planificación del espacio, como es el caso de Bogotá. En Uruguay los avances son tímidos y conviven con retrocesos inexplicables como las restricciones a la circulación en bicicleta por la rambla montevideana. Algunos municipios en Montevideo son precursores de cambios con iniciativas para comprometer a la población en el diseño y cuidado de los nuevos individuos del plan de arbolado (acaban de plantar un jacarandá en mi puerta), áreas piloto de cuidados para explorar hacia un plan municipal sostenido en corrientes críticas del pensamiento como el ecofeminismo, la economía del cuidado y el urbanismo feminista, entre otras.
¿Qué rol ocupa en todo esto lo colaborativo-coparticipativo?
Estos cambios se hacen hacia y desde los diseños colaborativos y coparticipados donde vecinas y vecinos no solo emiten opinión, la construyan y transforman en intercambio recíproco y con quienes tienen conocimientos técnicos de planificación y diagnósticos de la ciudad. Si no tiene sentido rediseñar un living sin conocer quiénes, cuántos, para qué lo van a usar, y por qué quieren cambiarlo, la premisa es igual de válida y más necesaria cuando el living está supuesto para ser de todes.
Fernando Acevedo
Dr en antropología y arquitecto.
El Episodio 1 del proyecto ciudadN es la concreción de una iniciativa ambiciosa y desafiante, lúcida, innovadora, removedora y en construcción permanente. Su cimiento conceptual, ético y estético, de apariencia simple –la ideación y construcción colectiva de los espacios urbanos del futuro– alberga una riqueza y una complejidad multiforme que también son inherentes a las ciudades, a su diseño, a las múltiples formas de habitarlas y, naturalmente, a sus habitadores. Es, en suma, una invitación a que asumamos que los planificadores y diseñadores urbanos tradicionales deberían dejar en barbecho sus propias imágenes urbanas –y también, en muchos casos, el narcisismo autoglorificador subyacente– y situar en el lugar protagónico al sistema de imágenes, sensaciones y deseos de los habitantes. En ese lugar, que es el que ciudadN sugerentemente promueve, los habitantes dejarán de ser espectadores para pasar a ser actores, abandonarán su mera presencia como ciudadanos pasivos expuestos a la lujuriosa voracidad especulativa y a la deshumanizada expoliación urbana para pasar a ser auténticos hacedores-habitadores: habitar, como decía Benjamin, es dejar huellas.
El proceso creativo de ciudadN está atravesado, pues, por la convicción de que la construcción de ciudad, la de ahora y la del futuro, no debe prescindir de las imágenes y deseos de los sujetos que la habitan y que, habitándolas, imprimen en ella sus huellas. Es el habitante, devenido habitador, quien se apropia del espacio urbano, quien lo usa, lo re-crea y reinterpreta, quien lo carga de sensaciones, de sentidos y de significados; es quien, a través de su práctica, lo inviste, lo socializa. Por cierto, si bien es el diseñador urbano quien suele definir topológica o geométricamente un espacio, son los habitantes-habitadores quienes, colectivamente, lo transforman en lugar.
La experiencia ciudadN contiene propuestas articuladas que están firmemente orientadas a que dicha convicción se concrete y formalice. Las preanuncian, ya en su plataforma de lanzamiento, dos preguntas de inequívoco carácter retórico: “¿No deberíamos ser todas las personas expertas en espacios y ciudades?” “¿No tenemos derecho a tener una formación general en el tema y decidir los espacios en los que queremos habitar?”. Esa formación general –y, tal como se subraya al comienzo de este Episodio 1, desde instancias tempranas– es, precisamente, algo que la propia experiencia ciudadN se ocupa de promover y potenciar.
En efecto, en esta primera aproximación merece un especial destaque el liderazgo asumido por el equipo de ciudadN en el diseño y puesta en marcha del “Primer Laboratorio de Innovación Ciudadana de Montevideo”, en el que durante un par de semanas participaron docentes y estudiantes de educación primaria (de la escuela Las Canteras) y secundaria (del Liceo Miranda) en un proceso de imaginación, creación y construcción colectiva de valioso espesor pedagógico.
El modo en que se desarrolló esta actividad, en especial por la promoción de la creatividad, la emocionalidad y la reflexión crítica de los participantes y la apelación a dinámicas colaborativas con uso de tecnologías novedosas en el ámbito escolar, pone de manifiesto, entre otras cosas, la potencia didáctica del trabajo educativo en base a proyectos y resolución de problemas y su capacidad de enriquecer procesos de enseñanza y, sobre todo, de aprendizaje. La apropiación de este tipo de actividades por parte de docentes de educación primaria y media sería, sin duda, una derivación muy valiosa, tanto para el desarrollo de prácticas innovadoras y participativas en la enseñanza de diseño arquitectónico y urbano desde instancias tempranas, como en otros ámbitos disciplinares y organizacionales. A este respecto, ciudadN logró capitalizar los beneficios de haber involucrado en sus propuestas a organizaciones de muy diverso marco institucional y carácter: la Administración Nacional de Educación Pública, la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de la República, el MVDLAB (Laboratorio de Innovación Ciudadana de Montevideo de la Intendencia de Montevideo), el Laboratorio de fabricación digital FabLab-MVD (de la FADU), el Museo Casa Vilamajó, Insprinta, Hiperespacio.
Es importante resaltar, además, los muy significativos beneficios de la modalidad experimental e innovadora que caracterizó a esta actividad ya desde su consigna disparadora: pensar el futuro es un ejercicio infrecuente en esos niveles de la educación pública nacional, y más lo es pensar la ciudad del futuro con espíritu lúdico y materializarlo en modelos prospectivos tridimensionales. El pensar y el hacer como actividades indivisibles y retroalimentadas –praxis– es tal vez uno de los más ricos y enriquecedores logros de este Laboratorio –también de otros emprendimientos del equipo de ciudadN–, notoriamente superador de narraciones utopistas como, por ejemplo, las de Las ciudades invisibles de Calvino. “Concebir la ciudad como canvas lúdico, integrada con el paisaje, flexible y con diversos lugares de encuentro” –tal lo que sostienen las autoras de ciudadN– dota de realidad y visibilidad a alguna de aquellas improbables ciudades invisibles, al tiempo que evidencia la inutilidad de clasificarlas, como escribió el mismo Calvino con respecto a Zenobia, “entre las ciudades felices o entre las infelices. No tiene sentido dividir las ciudades en estas dos clases, sino en otras dos: las que a través de los años y las mutaciones siguen dando forma a los deseos y aquellas en las que los deseos, o logran borrar la ciudad, o son borrados por ella”.
Estos comentarios son igualmente válidos y aplicables para el resto de las actividades que se conjugan en este primer Episodio del proyecto ciudadN. Son numerosos sus puntos altos: la promoción de la libertad en el pensar, en el sentir y en el hacer, la imaginación y el espíritu lúdico e inventivo en el aprendizaje y en la co-creación, la reivindicación y puesta en acto de prácticas, métodos y procedimientos innovadores y creativos –creativamente innovadores, innovadoramente creativos– tanto en la dimensión propiamente didáctica como en la construcción colectiva de modelos de espacialidades y de espacios urbanos, las dinámicas de ensayo-y-error en la co-creación, la capacidad de la investigación aplicada y de su articulación con recursos tecnológicos potentes, el aprovechamiento de material no convencional o en desuso para las instancias de prototipado colectivo, la inclusión de actores y agentes potenciales diversos, el carácter provocador, multiplicador y replicable de las propuestas.
Un acierto adicional del proyecto es la gestación de sinergias a partir de la convocatoria a expertos extranjeros de vasta trayectoria y conocimiento de la temática, integrantes de organizaciones y equipos técnicos que desarrollan propuestas de innovación y formación en el campo multidimensional del diseño espacial y urbano, conjugando arquitectura, ingeniería electrónica, arte, nuevas tecnologías digitales y diversas ciencias ambientales, humanas y sociales. Es dable intuir que en ciudadN la variedad de los campos disciplinares involucrados y la riqueza de los aportes producidos contribuyeron a que teoría y praxis, arte, ciencia y tecnología, forma y contenido, sensaciones y emocionalidad, ética y estética, pudieran activarse estrechamente hermanados.
Todas estas virtudes del proyecto dan cuenta, en suma, de las bondades y potencialidades de una investigacion experimental aplicada que por convicción no se ciñe a –y en ocasiones interpela– las exigencias convencionales de la investigación académica tradicional.
En definitiva, una vez leído, analizado y disfrutado este primer Episodio, no resulta excesivo encuadrar esta experiencia pionera de ciudadN y su venturosa búsqueda en el marco de la reivindicación, en este caso tácita, de algunos derechos de última generación. Por cierto, si a sus autoras se les preguntara lo mismo que Gregorovius le preguntó a Oliveira en un pasaje de Rayuela –“Pero ¿qué buscás con eso, Horacio?”–, seguramente responderían, con convicción plena, igual que Oliveira: “Derecho de ciudad”.

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